martes, 15 de marzo de 2011

La Crisis Zombie _ Prólogo y Capítulo 1

LA CRISIS ZOMBIE

Por S.I. Benedicto A.

Prólogo:

La verdad es que nunca creí que los Zombis pudieran existir. Si en 15 años los curas no me convencieron de la existencia de Dios, como podéis pensar que me creyera que los muertos se iban a levantar para devorarme.

Siempre me gustaron los Survival Horrors de las consolas... ¿quién no quiso en alguna ocasión ser Criss Redfield o León Scout?. Aunque también os digo que cuando no podéis cargar si te matan y te duele de verdad, no es tan divertido.

Volviendo al tema no os creáis todo lo de las pelis, a ver muy desencaminados no van pero no es todo tan fácil ni tan retorcido. Por ejemplo las crisis de zombis mundiales son casi imposibles. Vale que son difíciles de matar pero por suerte no somos tan tontos como los de las películas tipo "Mikel... Mikel... estás ahí...?". Las crisis zombis son aisladas y hoy por hoy no afectan a los animales. Además los cuerpos humanos tienen que alimentarse para continuar funcionando, por lo cuál eso de estar 6 millones de cuerpos andando manteniéndose del aire no os lo creáis.

Que el virus lo crea una farmacéutica, eso no te digo que no, el última reconocido fue por una empresa muy conocida que no voy a nombrar, solo diré que es famosa por sus pastillas para el dolor de cabeza.

Importante: los muertos no se levantan, menos mal... lo que nos faltaba. Lo malo es que no sienten dolor, no duermen, se les endurecen los músculos por el constante bombeo de adrenalina, son capaces de usar herramientas básicas, corren que se las pelan, tienen el doble de fuerza (siendo zombis sanos) que una persona normal y una mordedura, sangre, saliva... te puede infectar.

La parte buena es que si les disparas no mueren al instante (excepto corazón y cerebro) pero se desangran como las personas normales, se rompen huesos… los muertos están muertos, por lo cuál el índice de transformados no es tan alto. No atacan por comida sino porque la infección (así la llamo yo) afecta al cerebro haciendo que se inflame y expanda, en consecuencia el cerebro se aplasta con el cráneo volviendo loco y violento al infectado (como los doberman) y lo que aún no se es porqué no se atacan entre ellos.

No atacan por hambre (habitualmente) sino porque son así, para comer está la comida.

Lo malo de esto es que conseguir comida para sobrevivir es complicado.

La verdad si lo piensas bien no todo es malo en un mundo zombi.

Por ejemplo el despertador de la mañana pierde sentido, no más cenas con gente que no aguantas, no más atascos, no tienes que aguantar a la suegra (en caso de crisis zombi no es la primera persona en la que pienso), si sobrevives junto a una chica que esté medio bien triunfas seguro con la frasecita esa de "éste podría ser nuestro último día".

Bueno lo básico que debéis saber sobre mí. Solo deciros que era un chico normal, con un curro normal, no sé artes marciales, ni soy un exmilitar experimentado, no soy un genio pero no soy estúpido y en un mundo zombi el que sobrevive no es él mas fuerte, sino el que mejor se sabe adaptar y el que piensa un poco las cosas antes de actuar.

Mi nombre... podéis llamarme John Doe "J.D." para los amigos (se pronuncia Ion Dou "fonéticamente en castellano"). Por si acaso no manejáis mucho ingles no, no soy ingles pero siempre me ha gustado ese nombre, es el nombre que le ponen a los muertos desconocidos en América y la verdad no me queda mucho para convertirme en eso.

Cáp. 1 El Despertar

Lunes por la mañana, ya son las 7:50 a.m. o eso dice mi quinta alarma del móvil.

Qué pereza, me levanto aún un tanto aturdido de la resaca del fin de semana, ni siquiera el quedarme el domingo encerrado en casa me basta para curarla jeje ya no estoy hecho un chaval. Voy a la ducha, me visto y como siempre salgo para el hospital y llego mi media de 15 minutos tarde.

Como siempre, la calle está desierta y yo atajo por una de las puertas de incendios laterales que siempre están abiertas (puñetera ley anti-tabaco).

Parece que no han llegado las limpiadoras, unas manchas de sangre manchan el suelo, debe haber sido duro el fin de semana en urgencias, pero bueno es lo que tienen los fines de semana del verano; la gente sale, bebe y no controla. Yo sigo mi ascenso por el pequeño tramo de escaleras hasta la entreplanta donde está mi mesa, lugar donde paso mis días haciendo las mismas y repetitivas estadísticas y cálculos. Que “raro”, la puerta de la oficina está cerrada, ¿hoy teníamos fiesta? Bueno, estará de vacaciones la puntual de la oficina. Yo a lo mío, cojo la llave escondida en el marco de la puerta y abro. Enciendo todas las luces, el aire acondicionado, no os imagináis el calor que se mete en un hospital.

Las 8:40 y la gente sin aparecer, “tendrán una reunión los que no están de vacaciones”, decido encender la radio para dejar de oír el ronroneo del aire, qué extraño, no se escucha nada, trato de sintonizar mi canal favorito, total como estoy solo, pero no funciona. Bueno miraré el correo, que sorpresa Internet no funciona. Me acerco a informática y tampoco hay nadie. Bueno, me tomare un café para despejar la última pereza. Va hombre no puede ser también está cerrado. Nada, me beberé una de esas cápsulas imitación de expreso.

Las 9:30 y sigo solo aunque no será por faena. Oigo unos tacones en la lejanía. Ya no estoy solo, algo es algo, cruzo los dedos para que sea la chica nueva de la oficina, me quedo mirando desde encima de mi monitor hacia el final del pasillo. Al poco aparece una figura un poco desgarbada y con el pelo alborotado y manchada de sangre de pies a cabeza. Me levanto de un salto de la silla y le grito si necesita ayuda. La mueca que había en su cara no la olvidaré nunca, era una mezcla de odio y felicidad. Acto seguido comienza a correr hacia mí con un grito inteligible.

Me quedo paralizado, ella seguía corriendo hacia mí, no me puedo mover, cuando me quiero dar cuenta ya estoy de espaldas en el suelo y ella sobre mí trata de golpearme y morderme. Cuando oigo el chasquido de sus dientes rozando mi oreja reacciono instintivamente y me la quito de encima de un brusco codazo y tal es la casualidad que al caer de espaldas se golpea la nuca con la esquina de un escritorio y un “crack” sordo inunda la habitación. Es el ultimo sonido que emite.

Aún sigo tendido en el suelo asimilando lo que acaba de pasar. Un pensamiento no deja de rondarme la cabeza: “He matado a una mujer”,”fue en defensa propia”,”fue un accidente”. Al cabo de unos minutos me sobrepongo, me levanto y la observo tendida en el suelo pero con esa mueca diabólica aún en su cara. Le tomo el pulso y no hay respuesta. Ya es tarde y el charco de sangre que rodea su cabeza como una aureola. Es enorme ya. Manchado de sangre y aún temblando me acerco a urgencias a avisar de ello.

Bajo por las escaleras, giro a la derecha, vuelvo a girar a la derecha y cuando atravieso la puerta de doble hoja no me puedo creer lo que ven mis ojos.

domingo, 23 de enero de 2011

DEVASTATION. Capitulo 7_ Primera parte

-

Capítulo 7

Oasis

Parte 1



- Bien..., creo que podremos parar por aquí a descansar, los chicos lo necesitan. Y yo también.- le comentó Bob a su esposa, junto a él a lomos del caballo con Claire, encabezando la columna.- Escuchad, vamos a parar por aquí a tomarnos un descanso, nos vendrá bien quitarnos la ropa mojada y entrar un poco en calor ¿de acuerdo?- las prendas empapadas y los zapatos encharcados, gélidos, incrementaban la sensación de frío que comenzaba a calar hasta los huesos en un bosque ya de por sí crudo.

Nos reunimos a los pies de un árbol cuyas gruesas raíces emergían entre la hojarasca. Esther ató a los caballos a una de ellas, junto a nosotros, y colocamos la ropa mojada entorno a la pequeña hoguera, apenas unas brasas chisporroteantes. Esther sacó unas mantas del equipaje que llevaba sobre los caballos.

- Uff, ¡qué frííío!- dijo Rosemary, calentándose las manos junto al hogar.
- Bueno Rowie, enséñanos las “exquisiteces” que has conseguido para nosotros.- dijo Bob frotándose las manos junto al calor.
- ¡Oh sí, me había olvidado por completo!- corrió hacia los caballos y de uno los bultos que llevaban, sacó una bolsa blanca de plástico.
- ¡Siii, comidaaa!- dijo Rosemary tapada con una manta a cuadros de franela.
- Vamos a ver.- Rowie buscó en el interior de la bolsa de plástico, que había llenado de los restos aprovechables que logró encontrar en la estación de servicios antes de que tuviéramos que salir corriendo.- Mmm tenemos: tres chocolatinas bastante aplastadas- las niñas se miraron, relamiéndose los labios. - un par de bolsas de patatas fritas sabor crema de cebolla.
- Puag, cebolla…- exclamó Stacie con gesto de repugnancia.
- ¡A mí como si son con sabor a mofeta jajaja!- dijo Rosemary.
- Pues ahí tienes una, compártela con Esther.- Rowie le lanzó la bolsa de patatas fritas aplastadas y reducidas casi a polvo.
- ¡Gracias!- abrió la bolsa y olió el aroma de las patatas fritas con sabor a crema de cebolla como si fuera el más exquisito de los manjares.
- También tenemos un par de latas de Mr. Pibb. ¡Ah! Y como colofón final….- corrió de nuevo hasta los caballos y buscó en la bolsa sobre el caballo.- Atención damas y caballeros, niñas vosotras deberéis esperar unos años, la joya de la corona: una botella de vino de mi bodega personal “Bordeaux vigne”- dijo con un acento francés no muy logrado y mostrando la botella como si se tratara de un objeto en subasta.
- ¡Bravo!- exclamó Bob, aplaudiendo con los brazos en alto.- Esto se va pareciendo más una celebración.
- ¿Qué celebramos?- preguntó Stacie. Rowie descorchó la botella con una navaja.
- Celebramos estar vivos y ¡juntos! Celebramos seguir encontrando motivos para sonreír y soltar una carcajada. Celebramos poder disfrutar de esta botella de vino del mundo del ayer…, con la familia de hoy. ¡Salud!- le dio un lingotazo a la botella y la pasó para que los demás tomasen su trago embriagador del ayer.

De ese modo, reunidos en torno a una hoguera y rememorando viejas historias, anécdotas, y recuerdos agradables, nos transportamos a aquel mundo que había dejado de existir y por un momento aquello no fue más que una escapada a la naturaleza de unos cuantos ciudadanos huyendo de sus ajetreadas vidas, para al día siguiente volver a la rutina de una vida insípida y aburrida que añorábamos con todas nuestras fuerzas.

Entonces, como el duro suelo que te saca de un delicioso sueño al caerte de la cama, el estallido amortiguado de una explosión retumbó en todo el bosque, procedente de todas direcciones. Todos nos pusimos en pie de un salto blandiendo nuestras armas en un acto reflejo adquirido con el paso de los días y las semanas.

- ¡¿Qué ha sido eso?!- sentía los latidos desbocados de mi corazón en mi garganta.- ¡¿Son ellos?!
- Sea lo que sea no ha sido lejos.- murmuró Martin, escudriñando la espesura del bosque a través de la mirilla de su arma.
- Recoged, nos vamos.- dijo Bob, Esther se apresuró a cargarlo todo en los caballos, incluidas las niñas.

A menos de un kilómetro nos encontramos una cerca de madera mimetizada con el entorno, por el abundante musgo que crecía en ella, que marcaba un vacío en la frondosidad. Rodeaba una cabaña perdida en medio de ninguna parte. Agazapados entre la hierba junto a la valla vimos que habían numerosos cuerpos en descomposición entorno a la casa: agujereados a balazos, calcinados, despedazados, etc. Uno aún con vida, tenía una pierna atrapada en un cepo para osos e incansable intentaba zafarse, estirando los brazos en un vano esfuerzo por alcanzar la casa.

En el porche de la entrada, un hombre mayor con gafas de sol parecía dormir sentado en una mecedora. Con las piernas cruzadas sobre la barandilla, tenía consigo una escopeta de doble cañón cuya culata reposaba sobre su generosa barriga y el cañón en la baranda de madera.

- ¿Qué hacemos, nos acercamos?- pregunté.
- Esperad.- Martin nos detuvo. Señaló uno de los cuerpos, desmembrado y humeante, yaciendo junto a un pequeño cráter en la tierra.- Minas.
- ¡Oh no!- pensé en voz alta al recrear en mi cabeza lo que me habría pasado si hubiera corrido hacia la casa sin más.
- Iré yo primero, pisad donde pise yo, ¿entendido? Si es que no queréis volar por los aires.- se sacó el cuchillo de la vaina y pasó con cuidado a otro lado de la cerca.
- Yo te cubro.- dijo Bob, acomodando la culata de su rifle en su hombro.

Tanteaba el suelo, introduciendo el cuchillo en un ángulo horizontal en la tierra para dar con los artefactos mientras nosotros, varios metros por detrás, colocábamos cada pie sobre las marcas de sus pisadas, teniendo cuidado con las minas que iba encontrando y que desenterraba parcialmente para que supiéramos exactamente donde se encontraban.

Nos acercamos a la casa con cautela, con toda la atención del infectado atrapado pero sin perder de vista al tipo de la mecedora y manteniéndonos lejos de las ventanas por si el tipo tuviera compañía, infectada o no, en el interior. No obstante, el tipo parecía estar demasiado quieto. No percibíamos ningún movimiento de su vientre al respirar. Martin se acercó y le tomó el pulso, pero como sospechábamos estaba muerto. A juzgar por la palidez y frigidez de su piel habría fallecido varias horas antes, quizás de un fulminante ataque al corazón. Tenía toda la pinta.

Desde los resquicios por los que las cortinas de encaje permitían atisbar, espiamos el interior de la casa. Estaba bastante oscuro, parecía no haber nadie más dentro. Martin, Bob y yo nos prepararon para entrar. Rowie se acercó a la mecedora, apartó la rígida mano del tipo de la empuñadura y cogió la escopeta. Tras comprobar que estaba cargada, miró en una mano el bate de béisbol con marcas de dientes impresas y en la otra la escopeta, y se decantó por ésta última.

Giré el pomo de la puerta y ésta se abrió sin más dificultad. Entonces accedimos al interior, en silencio, en busca de algún otro huésped. Yo me quedé en el salón mientras que Martin y Bob registraban las habitaciones; y aunque la cabaña parecía no albergar a más personas, sería de lo único de lo que carecería.

El tipo aquel había convertido el salón de la cabaña en una especie de bastión de resistencia del fin del mundo. Ametralladoras y pistolas de todos los calibres y modelos, rifles de francotirador, fusiles de asalto, varias cajas de granadas, lanza granadas, explosivos plásticos C-4 repartidos por todo el salón, lanzacohetes, además de diverso equipo militar como gafas de visión nocturna e infrarrojos, radios, y mucho más abarrotaba el salón en soportes en las paredes, taquillas o sencillamente amontonado por toda la estancia.

Reconozco que lo primero que se me pasó por la cabeza fue “¡Nos ha tocado la lotería!”, sin embargo, mi lado escéptico me hacia preguntarme ¿quién demonios podría tener acceso a tal armamento?, mucho del cual parecía restringido a uso exclusivamente militar, como los RPG que había almacenados en cajas de color verde en una esquina del salón.

Me dirigí a los retratos que había sobre la chimenea. El tipo de afuera aparecía en muchas de las fotografías: retratos familiares con la esposa y su único hijo, imágenes de niños jugando en la arena de la playa y el césped del jardín, imágenes de tiernos y entrañables momentos familiares. Sin embargo, una de ellas, detrás de algunas fotografías de trofeos en fructíferos días de pesca, me daría la respuesta que estaba buscando. En ella, el tipo del porche aparecía enfundado en un traje militar, con innumerables condecoraciones y distinciones que denotaban su alto rango en la jerarquía militar. ¿Un coronel, o quizás un general? No conocía demasiado bien el código de rangos militares. Otro retrato similar en el extremo opuesto de la chimenea, mostraba que su hijo había seguido sus pasos.

Ojeaba uno de las imágenes en la que dos niños pequeños, un niño y una niña, mojaban a su padre con pistolas de agua, sin evitar pensar en Alex, ¿se encontraría bien, al igual que yo con otro grupo de supervivientes? Algo detrás del centelleante cristal llamó mi atención. Un cordón de coloridos cables pasaba detrás de todos los retratos y fotografías, perdiéndose a ambos extremos de la chimenea. Lo seguí a través de todos los recovecos y esquinas del salón hasta darme de bruces con uno de los montones de de C-4 que había visto al entrar. Cada uno de los cables que formaban el cordón estaba conectado con una preocupante cantidad de explosivos repartidos por toda la estancia.

- Oh Dios mío…- di unos pasos hacia atrás horrorizado, temiendo que explotara en cualquier momento. En ese momento Martin volvió al salón.
- Creo que deberíais ver algo…- nos hizo un gesto con la cabeza para que fuéramos con él.

Abrió la puerta de una habitación al final del pequeño pasillo, y dentro había una furiosa mujer atada a la cama de pies y manos, obviamente infectada. La reconocí de inmediato, era la mujer de los retratos, era la mujer del tipo de la mecedora.


- ¡Oh Dios mío!- exclamó Rosemary, echándose hacia atrás como queriendo escapar de la infectada por puro instinto.
- ¿Qué hacemos con ella?- preguntó Rowie.
- Va siendo hora de que descanse en paz.- Martin le apuntó a la cabeza y disparó una sola bala que esparció los sesos rosáceos de la mujer por todo el cabezal de la cama.
- También tenéis que ver algo en el salón…- les dije señalando con la cabeza que me siguieran.

Salimos al salón y les mostré el entramado de cables conectados a los explosivos colocados por todo el salón.

- ¡JO-DER!- exclamó Stacie.- ¿¡Esta cabaña es una maldita bomba!?
- Pff… esto no es bueno.- dijo Martin al verlo con las manos sobre su fusil en su pecho.
- ¿Qué hacemos?- pregunté.
- Yo te lo diré: ¡Largarnos de aquí echando leches!- zanjó Stacie.
- A ver…- dijo Martin, poniéndose de cuclillas.- no parece estar activada, aún estamos vivos ¿no?- dijo con una leve sonrisa pícara mientras comprobaba los explosivos.
- El viejo ese sería uno de esos putos paranoicos conspiracionistas que pensaría que tarde o temprano vendrían a liquidarlo unos hombres vestidos de negro y entonces montaría todo este tinglado.- comentó Rowie con tono pretencioso.
- Vale, ahora cuéntame algo que realmente pueda resultarme difícil de creer y que justifique todo esto, aparte del puto infectado con un jodido cepo en la pierna que hay en el jardín delantero y la otra docena de cuerpos más sembrados alrededor de toda la casa.- le espeté.
- ¿Y entonces qué vamos a hacer?- preguntó Rosemary con temor en su voz.

Nos miramos entre nosotros sin decir palabra pero sabiendo el pensamiento de la mayoría del grupo.

- ¿Qué os parece la idea de quedarnos aquí?- preguntó Martin.
- ¿Perdón? ¿Cómo dices? ¿A caso me falla a mí la vista y en lugar de pastelitos de mermelada veo una maldita montaña de explosivos? ¿Porque eso es lo que me parece desde aquí, ¡una jodida bomba! - dijo Stacie fuera de sí.
- No parecen estar activadas. Seguramente sería su último recurso en el caso de que se viera atrapado y la forma de llevarse a unos cuantos de esos cabrones con él.- dijo Martin con el coraje propio de los marines.- Lo único que sé es que no podemos renunciar a este sitio, es un… ¡regalo del cielo!
- Allí puedes acabar si no nos largamos de aquí ahora mismo…- murmuró Stacie.
- ¿No buscábamos un lugar seguro?, éste es ese lugar, ¡es perfecto! Estamos en un lugar remoto, en una casa fortificada rodeada por un campo de minas, con cámaras de vigilancia afuera- habíamos visto varias cámaras en el exterior de la casa mientras nos acercábamos al porche.-, tenemos armas y munición de sobra para declarar la tercera guerra mundial, y además he visto una despensa hasta arriba de comida, ¡si la racionamos nos puede durar meses! Vamos, ¿qué más pedís?, éste es el lugar que estábamos buscando. Nuestro hogar hasta que toda esta mierda pase.- esperó la respuesta afirmativa de todos.
- Yo me apunto.- Rowie fue el primero en acceder.
- Y yo.- le siguió Rosemary.
- Yo busco lo mejor para mi familia, y ahora mismo lo es esta cabaña.- dijo Bob, abrazando contra sí a las niñas.
- Yo también lo creo, ahora mismo es nuestra mejor baza.- era eso o seguir deambulando por aquel bosque a la espera de encontrarnos con otro grupo de infectados del que finalmente no pudiéramos escapar.
- ¿Y bien Stacie, tú qué dices?- le preguntamos.
- Mierda…, supongo que tenéis razón.- dijo Stacie.- Esta bien. Me consuela saber que si eso explota no me enteraré de nada…

Lo siguiente que hicimos, tras de acordar nuestro asentamiento en aquella cabaña abandonar la vida nómada que llevábamos teniendo durante el último mes, fue enterrar los cuerpos del matrimonio en el jardín delantero, detrás de la zona minada. Bob dijo unas palabras, celebrando que por fin su descanso en paz juntos en un lugar mejor del que dejaban sin duda y luego dándoles las gracias por el futuro que nos habían regalado en forma de aquella cabaña. Un lugar seguro y aislado del mundo con el que, a diferencia de ellos, nosotros aún tendríamos que lidiar y combatir.